Tradición e historia en Aigüestortes

En el Parque Nacional de Aigüestortes y en las poblaciones que componen su entorno puede disfrutarse de la naturaleza, pero también de la historia y la tradición que rodean a unas poblaciones cuya particular ubicación geográfica ha marcado su cultura desde siempre.

Aunque existen vestigios de que durante el Neolítico había presencia humana en la zona durante los meses de verano, es en la Edad Media cuando comienzan a aparecer las primeras poblaciones, desarrollándose entonces con profusión el arte románico. A día de hoy son todavía muchos los vestigios arquitectónicos y pictoricos de este arte que pueden encontrarse en los alrededores de Aigüestortes. Es más, el municipio de La Vall de Boí cuenta con un conjunto de iglesias románicas que en el año 2000 fueron declaradas Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO.

Junto con la arquitectura y las construcciones típicas de la zona, la singular ubicación de estas poblaciones ha influido además en sus tradiciones, sus actividades y su gastronomía.

Dado el clima de montaña que se vive en las comarcas de la zona durante el invierno, en la gastronomía son típicos los platos especialmente pensados para combatir el frío. Ejemplos de ello son la olla aranesa o la vianda pallaresa. Además existen productos típicos como el confitat, que es carne de cerdo en manteca, o la girella, que es un embutido elaborado con cordero y arroz. Durante el otoño es habitual encontrar en las comarcas de la zona la celebración de jornadas gastronómicas durante los fines de semana.

Con la llegada de los avances tecnológicos muchas de las que eran actividades tradicionales en la zona se han ido perdiendo. Aún así los habitantes de la zona están tomando medidas para evitar que actividades tradicionales se pierdan para siempre. Por ello una vez al año se hacen bajar balsas artesanales de madera por el río, para no olvidar la tradición de transportar la madera por el agua. De la misma manera se incentivan las ferias para mantener vivos oficios como el de esquilador de ovejas.

Por lo que se refiere a las fiestas y tradiciones, una de las fiestas más celebradas en las comarcas del Pirineo es la de San Juan, celebrando el solsticio de verano. Mediante antorchas, una serpiente de fuego desciende desde los montes hasta los pueblos mientras que en el pueblo se celebra una gran hoguera con baile y orquesta.

 

UNESCO

 

M.J.

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